Santo Rosario

La Madre de Dios, en una aparición a Santo Domingo Guzmán le enseñó a rezar el rosario, en  el año 1208. Le dijo que propagara la devoción y la utilizara como arma poderosa en contra de los enemigos de la Fe. 

El Santo Rosario es una oración muy hermosa a la que acudimos con fe y devoción a Nuestra Santísima Madre para que ella interceda por nosotros. En el contemplamos de una manera muy especial la vida de Nuestro Señor Jesucristo al igual que la vida de la Virgen María.

"El Rosario de la Virgen Maria... es una oración apreciada por numerosos Santos y fomentada por el Magisterio. En su sencillez y profundidad, sigue siendo también en este Milenio apenas iniciando, una oración de gran significado, destinada a producir frutos de santidad. Se encuentra bien en el camino espiritual de un cristiano que después de dos mil años, no ha perdido nada de la novedad de los origenes, y se siente empujado por el Espíritu de Dios a "remar mar adentro" (Duc in altum!), para anunciar, más aún, 'proclamar' a Cristo al mundo como Señor y Salvador, 'el Camino, la Verdad y la Vida' (Jn 14, 6) el fin de la historia humana, el punto en el que convergen los deseos de la historia y la civilización". *

*Carta Apostólica sobre el Santo Rosario de S.S. Juan Pablo II
Rosarium Virignis Mariae

 

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Santo Rosario

 

Consagración individual al Inmaculado Corazón de María

Oh, Virgen mía, Oh, Madre mía,
yo me ofrezco enteramente a tu Inmaculado Corazón
y te consagro mi cuerpo y mi alma,
mis pensamientos y mis acciones.

Quiero ser como tú quieres que sea,
hacer lo que tú quieres que haga.
No temo, pues siempre estás conmigo.
Ayúdame a amar a tu hijo Jesús,
con todo mi corazón y sobre todas las cosas.

Pon mi mano en la tuya para que esté siempre contigo.

Consagración del hogar y la familia al Inmaculado Corazón de María

¡Oh Virgen María!, queremos consagrar hoy nuestro hogar y cuantos lo habitan a vuestro Purísimo Corazón.
Que nuestra casa, como la tuya de Nazaret, llegue a ser un oasis de paz y felicidad por:
   -  el cumplimiento de la voluntad de Dios,
   -  la práctica de la caridad,
   -  y el abandono a la Divina Providencia,

¡Que nos  amemos  todos como Cristo  nos enseñó! Ayúdanos a vivir siempre cristianamente y envuélvenos en tu ternura.

Te pido por los hijos que Dios nos ha dado (se citan los nombres) para que los libres de todo mal y peligro de alma y cuerpo, y los guardes dentro de Tu Corazón Inmaculado. Dígnate, Madre nuestra, transformar nuestro hogar en un pequeño cielo, consagrados todos a vuestro Corazón Inmaculado. 
Amén.